viernes, 14 de agosto de 2015

FIESTA SIN ALMA

Nos vamos de vacaciones. Como todo hijo de vecino. Puede que volvamos dentro de 15 días, un mes o después de Navidad. Pero volveremos. Y puede que con nuevas perspectivas. El caso es que antes de irnos vamos a dedicar nuestra ulterior entrada a lo intangible tantas veces pisoteado, a la norma tanta veces saltada a la torera y al salvavidas al que muchos se aferran y otros tantos intentan hundir. Vamos a desenmascarar las bondades de: EL SISTEMA.
Exacto. Ese sistema del que sólo se salen los que llamamos inadaptados sociales. Esa organización no escrita que odiamos por la diferencia de clases. Ese compendio de cosas que nadie entiende pero que hacen que parezca que todo sigue los cauces establecidos. Eso es el sistema. Social, político, demográfico, laboral, ¡económico!, medioambiental...todo está regido por él. Nos oprime y nos hace creer que somos libres. Incrementa nuestras obligaciones y nos engaña enseñándonos nuestros derechos. Aumenta la brecha social y vocea a los cuatro vientos que vivimos en igualdad.

Dicen de él que es el proyecto del crecimiento, la forma de vida que más soluciones ofrece, el contrato indefinido con inmejorables condiciones que firmamos al nacer. Y sin embargo nos quejamos de sus limitaciones e inventamos alternativas utópicas. Renegamos de los múltiples obstáculos que nos pone en el camino y exigimos que del mismo modo los haga desaparecer. No nos gustan las cláusulas que incluye el acuerdo y buscamos escapatorias como ratas que abandonan el barco con la primera gota de agua que inunda el camarote.

Inconscientes. Desagradecidos. Amorales y descastados. Todo eso somos. Así reaccionamos ahora cuando nos hablan del sistema. Ya no hay vestigios de los soñadores que sentaron las bases de una organización social que mejoraba lo conocido hasta el momento. Con sus defectos sí, pero que nos libraba de facto de dictadores y caudillos. De las rémoras de los señores feudales. De la decisión divina y del belicismo como método de aprobación. Reconozcamos, al menos, que con su llegada, con su implantación casi global, todo ha ido un poco mejor. Ya casi nadie conoce a un analfabeto. La información llega por varias vías. Enfermedades devastadoras han pasado a curarse como simples resfriados y se ha reducido la diferencia en el reparto de oportunidades. 


No es oro todo lo que reluce. Pero tampoco el sistema es el culpable del enmierdamiento de sus ideales. No es su culpa que los políticos trafiquen con intereses y comisiones. No tiene nada que ver en la corrupción avariciosa de funcionarios y empresarios de todo tipo. No le involucremos en las atrocidades de banqueros y especuladores bursátiles que deciden hacia dónde se encaminan nuestros pasos. No. No es el sistema. Somos nosotros. Mentes enfermas, criminales, con los más bajos instintos por saciar. Es en nuestros semejantes con poder en los que vemos que este sistema está obsoleto, anticuado, que ha llegado el momento de cambiarlo. No porque el germen del que nació fuera venenoso. Ni porque lo hayamos interpretado de forma incorrecta. Si no porque hemos conseguido con nuestros actos, que algo que es aceptado por todos, las normas de convivencia, convierta lo que debería ser un festejo continuado en una fiesta sin alma.

1 comentario:

  1. Muy interesante!!

    TE paso mi blog, espero que te guste y lo sigas :D

    http://danicampoy.blogspot.com.es

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