miércoles, 5 de agosto de 2015

ENCABEZANDO LA REVOLUCIÓN

Enemigos mortales del hombre son: el sueño, la pereza, el aburrimiento y la falta de motivación. La añoranza de momentos mejores, la rutina y la vuelta al trabajo. Todos estos sentimientos antagónicos con respecto a lo que se supone que debería ser para nosotros la felicidad, se agrupan en un sólo término. Una palabra, un nombre, que con sólo escucharlo nos hace soltar un bufido, un lamento entre resignado y enfurecido, que desde tiempos inmemoriales ha puesto de acuerdo a personas de todos los lugares, ideas y religiones: el LUNES.

Y es que desde que el trabajo viene dignificando la vida humana (sigo dándole vueltas al sentido de esta frase), el lunes ha sido el día que daba comienzo al escarmiento divino por querer ser dignos. Algunos han intentado artimañas, como empezar las semanas en sus calendarios con el domingo. Aunque de nada ha servido, porque el que inoportuna sigue siendo el primer día de ocupación. Independientemente de si es el que acaudilla la semana o está en el mismo medio.

A nadie le gustan los lunes. Y el que lo diga miente. "No, yo es que trabajo los fines de semana, y los lunes me vienen bien"...¡¡Falso!! Tu lunes sería como un sábado sin amigos, un domingo sin resaca o un fin de semana sin planes de fiesta o viaje. Porque estás sólo y el mundo no es acogedor los lunes. La gente no está de humor. Caras largas, bostezos interminables y silencios sempiternos. Ése es el panorama habitual en cualquier oficina un lunes por la mañana. 

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Pero habrá que reconocerles su entereza. Porque han soportado esa continua laceración, ese inagotable vilipendio que dura desde el origen de la civilización. Además, el Lunes no escogió ser el conejillo de indias semanal. Fuimos nosotros los que lo colocamos como cabeza de turco en nuestros almanaques, situándoles como eternos olvidados a la hora de escoger un día para disfrutar de la vida. Simplemente los odiamos. Sin darnos cuenta de que cada vez que pasamos sin pena ni gloria por este día de la Luna, estamos desaprovechando una oportunidad de comenzar algo nuevo. Ya sea planificar un viaje, el inicio de una dieta o retomar nuestra formación.

Los lunes son un antes y un después. Son positivos para olvidar fines de semana terroríficos, para compartir con los compañeros tertulias sobre resultados deportivos o para tener la excusa del pobre rendimiento laboral de principios de semana. Nos hemos olvidado de ellos. No les hemos dado la importancia que merecen. Nos hemos centrado en trabajar los martes, planificar los miércoles, pasear los jueves y salir pitando los viernes para disfrutar del sábado y descansar el domingo. Pido justicia para ellos. Para esos capitanes defenestrados, esos precursores no reconocidos, esos abanderados sin nación, que cada siete días, pase lo que pase, encabezan nuestra revolución.

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