jueves, 9 de julio de 2015

FAVORES EXCUSADOS

Ni en verano se van de vacaciones. No dejan de hacerlo cada dos por tres. Siguen en sus trece y no paran de incomodar al resto. Son amables, simpáticos y convincentes. Es difícil negarles cualquier cosa. Son ellos: los amigos PIDE-FAVORES.

Amigos si al menos tienes la suerte de considerar que lo sea. Porque en esta especie se incluyen caraduras de todo tipo. Desde los que han compartido pupitre contigo, hasta los que te conocen desde la hora del café, pasando por los que te llaman a la hora de la siesta para presentarse y requerir de tus servicios que le ha recomendado algún otro.

Unos servicios de lo más variopinto, que pueden consistir en un simple préstamo de herramientas para chapuzas hogareñas, un extraño traslado a los suburbios a recoger un "paquetito" de un primo suyo, o la lacerante petición de fichar por él en el trabajo cuando adelanta, "de estrangis", sus vacaciones un día. Hoy por tí mañana por mí te dicen. Pero no es más que demagogia barata. Una falacia que ellos mismos se encargan de desmoronar a la primera ocasión. 

Porque estos expertos pide-favores tienen además el don de ser unos magníficos busca-excusas: un periquito enfermo, una visita inesperada o un incendio imaginario sirven como parapeto para darte, con la mejor de sus sonrisas y cara de pesadumbre, un NO tan rotundo que no hay nada que objetar. Y sin embargo, amigos (¿por que somos amigos no?), tendréis que hacerme el favor de disculparles. No es su intención haceros parecer sus esclavos. Ni tan siquiera se dan cuenta de que no pagan favor por favor. Ellos se consideran víctimas de las circunstancias, que les obligan a pedir ayuda a los demás. Los comen los remordimientos después de haberte dado con las puerta en las narices cuando era tu turno. 

Image courtesy of Stuart Miles at FreeDigitalPhotos.net

Todos necesitamos que nos hagan algún favor en ocasiones. Un coche averiado, un teléfono olvidado en casa o una cuenta a la que no llegamos con la calderilla del monedero. Pero, reconozcámoslo, la primera reacción al convertirnos en la otra parte, es buscar un motivo por el que nos sea imposible cumplir la petición. Hasta que no lo encontramos y lo hacemos de buena gana. Porque es agradable ser generoso con los demás, prestarles nuestra ayuda y no pedir nada a cambio. Nos reconforta...ellos no son así. No tienen reparos en mostrar sus verdaderas intenciones. Hay que respetar eso. Son honrados. No te llevan a engaños. Piden y no dan. Son maestros del intercambio. O mejor dicho del no intercambio. Son los catedráticos de los favores...de los favores excusados.

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