miércoles, 24 de junio de 2015

MONEDAS DE CAMBIO

Forman parte de una cofradía. Tienen sus normas y las siguen a rajatabla. Un desliz puedes resultarles carísimo. No entienden la alegría y el descaro con el que los demás tiramos por la borda lo obtenido. Ratas, agarrados, tacaños, usureros, roñosos, rácanos...ellos son nuestros protagonistas de hoy, los miembros de: LA COFRADÍA DEL PUÑO CERRADO.

En todas partes los podemos encontrar: en el grupo de amigos que pone bote para copas, es el que prefiere ir a su ritmo y pagar sus consumiciones (escasas por lo general); en las celebraciones familiares, es el que marca el límite de 5 euros para el regalo a intercambiar en navidad; cuando en el trabajo se jubila alguien, es el que alega no conocerlo demasiado (tras 20 años de trabajo conjunto) para no participar en la comida de homenaje.

Pero no le hace falta que le vea nadie. Él disfruta siendo un cofrade más en solitario: yendo a 70 kilómetros por hora en coche, aunque eso suponga salir una hora antes para llegar al trabajo y ahorrar unos centimillos, que luego puede emplear en ir a la tienda del pueblo vecino, en la que el kilo de naranjas está a mitad de precio, o en la que comprar 50 latas de sopa, para el futuro, sólo porque hay una oferta que no se puede rechazar. Primero fueron niños de gominolas contadas, de dedo en el bocadillo para medir el mordisco a compartir (si se sentían generosos). Después se convirtieron en adolescentes de ir andando por no gastar metrobus, de los que iban cenados al cine por no pagar las palomitas. Y hoy, son esos adultos mojigatos que no se quedaron ni una moneda de 20 duros de recuerdo, los que preguntan el precio del cubierto en una boda para decidir cuánto meter en el sobre.

Image courtesy of Mister GC at FreeDigitalPhotos.net
Aunque quizás su perspectiva no sea tan descabellada. Ellos saben lo que cuesta ganar ese dinero. No pasan penurias, pero se conforman con poco. Su mayor placer consiste en contar, moneda a moneda, los ahorros acumulados en su hucha de hojalata. Porque todos somos celosos de alguna de nuestras posesiones materiales, de las que nos costaría horrores deshacernos. A los tacaños les pasa con su dinero. Hay que respetarlos. Ni la experiencia del viejo avaro del Cuento de Navidad ha conseguido convencerlos.

Esa mirada desconfiada, esos reparos a la hora de decidirse a comprar con tarjeta, ese momento en el que se bajan del carro del gasto conjunto...ahí se les puede identificar. Nos quejamos de su obsesión con el acopio dinerario. Les tachamos de no saber disfrutar de la vida. Somos insensibles a sus preferencias y sus miedos. Pero no nos damos cuenta de que lo único que no quieren es que esas monedas, que guarda en el tarro vacío del café, esa pila de euros que tanto le ha costado reunir, se conviertan en simple chatarra en un bolsillo cualquiera. Que pasen simplemente a ser MONEDAS DE CAMBIO.

1 comentario:

  1. Muy buena entrada. A pesar del desmarque cada vez mayor de la sociedad hacia temas religiosos, esta crisis que estamos quedando atrás ha echo incrementar el número de hermanos de esta cofradría. Xx

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