miércoles, 6 de mayo de 2015

POR NO SABER PARAR

Ardua tarea la que vamos a emprender hoy. No sabemos si podremos salir bien del atolladero, pero al menos vamos a intentarlo. Porque creemos que es necesario que alguien lo diga. Porque es importante que valoremos su constancia. Porque dan trabajo (y trabajito cansino también) a gran parte de un sector industrial. Hoy vamos a dedicarle nuestra entrada a ellos, a los ASESINOS EN SERIE...de las películas.

Decimos de las películas porque no sabemos quién inspiró a quién, si fue primero el huevo o la gallina. La proliferación de imitadores que intentan seguir sus pasos en la vida real nada tiene que ver con ellos. Simplemente se limitan a ser quienes les piden...y muy bien, por cierto, aunque nunca hayan pedido representar ese papel. Seductores, de fuerte carácter, convencidos de sus ideas y con la fuerza de voluntad y el ingenio suficiente para ponerlas en marcha. Así nos los pintan. Creadores de tendencia, generadores de temor, escurridizos, acaparadores de titulares y noticiarios. Así los vemos. 

Por un instante identificamos al serial killer con un ser superior, todopoderoso e intocable, que pone en jaque a todas las fuerzas de seguridad y al detective encargado del caso (qué sería de los unos sin los otros), por no hablar de las personas que cumplen el perfil de sus víctimas. En cierta manera querríamos tener algunas similitudes con ellos...y el problema es que hay quien lleva esta admiración al extremo. Pero no creáis que todo es fácil en la historia de un asesino de película. Generalmente viven en un sitio oscuro (si es que es un sitio fijo). No tienen mucha vida social que digamos. Y luego está el problema de crear la serie. Su serie. 

Image courtesy of jesadaphorn at FreeDigitalPhotos.net
Por lo general, comenzar una serie de homicidios ficticios conlleva bastante trabajo: decidir el perfil de los asesinados, escoger un modus operandi, establecer los intervalos para actuar, buscar una firma para que te identifiquen en la escena del crimen...agotador vaya. Y ya aparecen las presiones: para que cumplan con lo que se espera de ellos, para que se esconda bien, para que le encuentren rápido, para que pague por lo que ha hecho...insufrible. Siendo realistas, es un problema del que los guionistas no le saben sacar. Aunque le revivan en varias ocasiones si la saga tiene varias entregas, el único final posible es su muerte. 

Al final son ellos los que soportan el peso de la historia durante gran parte del metraje. Son ellos los que dan un quehacer a todo un departamento de policía. Los que que generan noticias que llevan a contratar nuevos reporteros. Todo esta espiral de intriga inventada gira en torno a ellos. Así que no les culpemos por su crueldad. No los tratemos como apestados por cumplir con lo que les manda el guión. No les odiemos por tenernos dos horas en tensión en la butaca mientras nos olvidamos de todo lo demás. Sólo deberíamos darles las gracias. Darles las gracias, por no saber parar.

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