martes, 12 de mayo de 2015

EL PACK COMPLETO

Desde el cariño, si fuera posible. Sin acritud, que no somos rencorosos. Sin armar revuelo, no se nos vaya a molestar la parienta o el pariente. Así vamos a intentar tocar el tema delicado de hoy. No porque los protagonistas lo sean, sino porque la familia es la familia...Hoy desmontamos el mito de LOS CUÑADOS TOCAPELOTAS.

Decimos bien, cuñados, con una "ó" bien grande. Porque lo de ellas es otro tema, que quizás algún día trataremos (en un extenso libro presumiblemente). Son ellos, los graciosetes sin gracia, los cariñosos sin motivo, los de las visitas en el peor momento, los que te llevan la contraria sólo por molestar...¿quién no tiene o ha tenido uno? ¿o dos? Bendito el que los aguante.

Pero debemos ser honestos. Sin ellos las comidas familiares en casa de los suegros (o de tus padres, que los hay muy atrevidos) no serían lo mismo. Una conversación sobre el tiempo no derivaría en desvarío político y tirantez en los postres. Un funeral no conseguiría un silencio tan atroz como el que logra un chiste sobre gordos, cuando su suegra tiene un evidente problema de obesidad. Una frase como "¿quieres otra cervecita?", sería de agradecer si no se convirtiera en un repetido y cansino "¿quieres otra cervecita...cuñao? ¿eh cuñao? ¿otra cervecita? ¿eh?", que te lleva a negarle el gusto de traértela.

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Qué injustos somos con ellos. Se desviven por ser serviciales. Se preocupan de que el ambiente familiar sea agradable para todos. Muestran su interés cuando llaman a la puerta de tu casa...su único problema es no saber medir momentos y cantidades. A cualquiera nos podría pasar. Lo ideal es que nos resignemos y que aprendamos a quererlos. Son el exceso de sal en la tortilla y la escasez de azúcar en el café, pero, a veces, se les echa de menos. 

Quien no tiene una anécdota de su cuñado, no tiene un cuñado, tiene un pasmarote. Y nadie quiere un pasmarote para su hermana o la hermana de su pareja. En el fondo todos queremos que nos toque, aunque sea un ratito, un "cuñado tocapelotas". Porque alguien tiene que ser el centro de las iras familiares. Porque alguien tiene que hacerte parecer el bueno a los ojos de tus suegros. Porque cuando comenzaste tu relación, sabías que podía pasar. Sabías que con ella, te podía tocar el pack completo.

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