miércoles, 27 de mayo de 2015

DESCOMUNALMENTE COMÚN

Noche de sábado. Noche de jarana. Momento álgido de la semana. Las cervezas de las 9, las copas de las 12 y los chupitos de 3 ya han hecho su máximo efecto. Te desinhibes. Te importa un comino lo que piensen los que te miran. No hay mañana, sólo ahora. Pero, en ese momento...¡zas! Aparece él, nuestro siguiente invitado a esta orgía de normalización de figuras detestadas: EL AMIGO CORTA-ROLLOS.

Puede incluso que tengas más de uno. Puede incluso que tú lo seas o lo hayas sido en algún momento, porque, pese a que es un papel perenne en la mayoría de los casos, hay factores que influyen en que podamos convertirnos en este ser socialmente excluido, sin empatía festiva y con el peor de los síntomas en una velada de desenfreno: el aburrimiento.

Y como se aburre, pues se quiere ir. Y como se quiere ir, pues intenta arrastrarte a su espiral de aburrimiento. Es un tipo fuerte, porque por mucho que lo intentes sacar de su ensimismamiento, por mucho que lo zarandees, lo obligues a bailar, lo abraces o le cantes en la oreja, él se mantiene impasible. Es una roca. Un muermo inamovible. Y lo peor es que te lo ves venir. Lo barruntas cuando a eso de las 10 te espeta un "ya no bebo más". O cuando tras quitarte la camiseta en plena calle y empezar a cantar a grito pelado, intenta contener la algarabía soltando entre dientes un "estás haciendo el ridículo". 


Pero es que es su función. La que le ha tocado ese día. La de poder mirar con cierta objetividad el comportamiento que estáis teniendo de cara al resto del mundo. De cara a esas chicas o chicos que según tú se parten con vuestras ocurrencias, y según él se ríen de vuestra estupidez. Valoremos su labor. Es quien mantiene la calma ante posibles conflictos violentos. Es quien posiblemente tenga una visión menos nublada del comportamiento de la tropa (quizás por tener menos alcohol en vena). Es muchas veces el encargado de llevar a casa al trasroscado de turno al que las aceras se le quedan pequeñas.

Hay que quererlo. Todos los estómagos duelen algún día. Ese sueño irremediable nos llega a todos en alguna ocasión. El repetitivo plan de siempre ha acabado por hastiarnos en algún momento. La sobriedad nos ha mostrado puntualmente la verdad sobre nuestras noches de sábado...Y ahí aparece el corta rollos que llevamos dentro. El que todos albergamos en nuestro interior. El que los que disfrutan de la fiesta ven como aburrido sin remedio, pero que se ve a sí mismo, y quizás no vaya muy desencaminado, como el máximo defensor de un sentido descomunalmente común.

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