martes, 28 de abril de 2015

PARED CON PARED

¿Qué sería de nosotros sin ellos? ¿Cómo sería nuestra vida un domingo sin que te despierten? ¿Sobre quién serían los comentarios jocosos o los insultos en voz alta en la soledad de nuestra casa? Los necesitamos. No los soportamos, de acuerdo, pero son parte indispensable de nuestro mapa social. Hirientes, maleducados, ruidosos, pesados, fanfarrones, toca pelotas... hoy los protagonistas son ellos, nuestros VECINOS.

Es cierto que hay quien considera de la familia a los moradores de las viviendas contiguas, pero esa relación estrecha, de amistad, de favores desinteresados, de tertulia al fresco en la puerta de casa, está a punto de desaparecer. Hoy los vecinos, los del tipo común, no el delincuente, el loco o el sinvergüenza, son esas personas, semidesconocidas y con pocas ganas de conocerte, con las que te cruzas en el portal, intercambias como máximo un gruñido a modo de saludo, o al que no pones cara y sólo conoces a través de un nombre en un buzón.

Ellos se han encargado de que así sea. No tendrían porqué pasar la aspiradora un domingo a las 8 de la mañana. No deberían sacudir la alfombra por la ventana cuando tienes ropa tendida. Harían bien en no sacar la bolsa de basura goteando por todas las zonas comunes. Pero nosotros, amigos, también somos parte de la ecuación. Somos muchas veces esa figura tiquis miquis, que pide corrección hasta la exageración, que a la vez puede ser una suerte de Homer Simpson, desconsiderados sin darnos cuenta y que sacamos tajada frente a la comunidad de residentes porque nosotros lo valemos.


Todos somos vecinos de alguien. No deberíamos olvidarnos. Las Juntas comunales son una pantomima. La verdad se vive día a día. Si ellos tiran el bote de canicas al suelo para volverte loco, igual es porque tus hijos no dejan de dar voces durante la siesta. Si la mejor hora para mover de sitio los sillones es a las 4 de la madrugada, puede que la razón sea que has regado tus plantas...y sus cristales. Incluso podría darse el caso por el cuál el que, al parecer, es el mejor sexo que han practicado en su vida, sea una consecuencia de esa cena con amigos que organizaste el pasado miércoles.

Y ese es el quid de la cuestión. Nos quejamos y quejamos sin parar de cómo actúan los habitantes de nuestro bloque, escalera o portal, sin caer en la cuenta de que, en mayor o menor medida, contribuimos a la forma de comportarse que tienen con respecto a nosotros. No somos tan distintos. Muchas veces no nos percatarnos de que sería mucho más fácil trabajar el respeto mutuo en lugar de vilipendiar y maldecir al vecino toca huevos. Lo único que hacemos es aplicarles el ojo por ojo a cambio de un diente por diente, convirtiéndonos instantáneamente en aquello que criticamos. Al fin y al cabo, si nos lo propusiéramos, estos temas podrían solucionarse con un par de palabras pared con pared.

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