martes, 17 de febrero de 2015

AULLAR POR IMPERATIVO LEGAL

"La culpa fue de Perrault, Grimm, Prokofiev y otros tantos. Aunque los rumores venían de mucho antes. Yo quería ser turronero como mi primo; a mí también me encanta el chocolate... Pero estos señores se empeñaron en que para protagonizar sus historias tenía que parecer fiero. Me dieron a probar la carne de señora mayor, que estaba dura y no me gustó mucho, y la de una tal Caperucita, que la verdad estaba bastante mejor. Eso sí, la experiencia con el leñador no fue muy agradable, por lo que soy reacio a aceptar papeles en los que haya que comer humanos. 

Probé después con la carne animal, la de pato concretamente, pero ese niño, Pedrito, pareció molestarse y me encerró en un zoo y me aturdió con su música, por lo que las aves quedaron también descartadas. Había escuchado lo que decís del cerdo, así que aquellos trillizos aparecieron como una gran oportunidad, de la que finalmente también salí escaldado... Después de eso una cosa llevó a la otra. Sólo me ofrecían papeles de vándalo, saqueador y aprovechado. Me encasillé como monstruo que aparecía con la luna llena, y ya no hay quien me saque de ahí".

Todo este párrafo lo podría firmar el Lobo. El de los cuentos y películas. El enemigo que mora en el bosque y al que se teme en las serranías y montes desde tiempos ancestrales. No estamos siendo justos con él. No odiamos en la misma medida al tigre o el león, mayores depredadores y más peligrosos, o al zorro y las rapaces, que minan igualmente el número de piezas de ganado de nuestras explotaciones. No. El lobo ha acaparado siempre nuestra animadversión. Sin darnos cuenta que es un pariente muy cercano de esos animalillos que muchas veces identificamos como miembros de nuestra familia por pleno derecho.

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No somos tan distintos de él. ¿Acaso no te defenderías si te atacan? ¿No matarías para dar de comer a los tuyos si la la supervivencia está en juego? La recurrencia "blockbustera" al mito del hombre-lobo no debería ser más que una metáfora poco trabajada de lo que Plauto y más tarde Hobbes acertaron a definir: "el hombre es un lobo para el hombre". No sé si es un piropo para nosotros o un insulto para ellos. Pero está claro que el viceversa no tiene cabida.

Quizás tendríamos que haber enfatizado nuestra atención en el canis lupus desde otra perspectiva. Puede que la de la leyenda de Rómulo y Remo, que da origen a uno de los mayores Imperios de la historia de la humanidad. O puede que la visión de Kipling, en la que el lobo salva al "cachorro" humano. Quizás sus ataques le conviertan en lo que es o quizás nosotros lo hayamos demonizado hasta verlo como lo queremos ver. El caso es que, por mucho que odiemos sus instintos, no deberíamos renegar del lobo, al que muchas veces hacemos aullar...por imperativo legal.

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