miércoles, 7 de enero de 2015

UN SORBITO DE SOBERBIA / Capital del Pecado IV

Después de caer estas fiestas en brazos de la primera capital del pecado que visitamos, la pereza, y tras sentir la necesidad de retomar la actividad tras una visita a la última que vimos, la envidia, al ver cómo el resto de blogs estaban actualizados, me he adentrado casi sin quererlo en una nueva ciudad capital. Una nueva Capital del Pecado. Cuarto pecado capital de nuestra lista: LA SOBERBIA.

No seguimos orden lógico en nuestra defensa de los defectos que todos quieren evitar, y a los que nosotros le tenemos cierto apego. Por eso, la soberbia, calificada muchas veces como el mayor pecado o como el origen del que manan todos los demás, ocupa el lugar central de este recorrido nada tortuoso. 

El soberbio es un prepotente, vanidoso, creído, egocéntrico o arrogante, según dicen las malas lenguas. En cambio, la mía, que tampoco es buena del todo, lo podría describir como seguro de sí mismo, orgulloso, luchador, ambicioso y que se tiene en alta estima. Como siempre digo, es tu elección observar la línea que separa un calificativo de otro y cruzar en un sentido o en otro.

Image courtesy of Ambro at FreeDigitalPhotos.net
No podemos desdeñar porque sí los beneficios de tener a la soberbia entre nuestros defectos favoritos. Es la soberbia la que nos impide caer en el complejo de inferioridad, la que nos levanta el ánimo y la voz ante una ofensa, la que nos hace sentir que somos importantes y la que nos permite enfrentarnos a los momentos difíciles sin caer en la autodestrucción y la depresión.

El soberbio se siente orgulloso de su forma de ser, no se deja avasallar, confía en que podrá hacer todo lo que se proponga. Es inevitable reconocer por tanto, que todas esas características hacen de este mal llamado "pecado" es bastante necesario, para no conformarse con ser  los secundarios de la película, para no dejar pasar la ocasión de contestar al enemigo de verbo fácil e hiriente o para poder mirarnos al espejo y no tener que preguntar cual bruja malvada del cuento. Brindo por ello. Bebamos un sorbito de soberbia.

No hay comentarios:

Publicar un comentario