miércoles, 21 de enero de 2015

GULA ANGULAR / Capital del Pecado V

Como no hay quinto malo, por mucho que estemos hablando de pecados capitales, el que ocupa la posición entre la cuarta y la sexta de nuestra lista, tampoco iba a ser la excepción a la regla. Paladeamos placeres que nos auto prohibimos por considerarlos perjudiciales. Nos referimos a deseos irrefrenables que somos capaces de parar en seco para ceñirnos a las convenciones sociales. Buscamos en buscadores virtuales nuevos modos de caer en esas tentaciones que luego odiamos porque sí. Hoy vamos a rebatir todo eso. Hoy viajamos hasta nuestra quinta Capital del Pecado: LA GULA.

La gula es un pecado difícil. No de cometer. Pero sí de describir. Gula es comer más de lo que el cuerpo necesita. Desear un alimento o bebida por encima de cualquier otra cosa. Desperdiciar, malgastar y despreciar la comida sobrante, haciendo gala de un desdén inmaculado por las necesidades alimenticias que acucian a otros...o eso dicen los equivocados. Porque la verdad es que la gula es todo lo contrario a estas definiciones. Hoy en día el culto al cuerpo, a los cánones de belleza establecidos, nos hacen obedecer una serie de premisas inopinadas, por decreto, que se supone son "lo mejor" para todos nosotros...pero, ¿qué hay mejor que darse la satisfacción de comerse una porción más de pizza, otro trocito de chocolate o repetir otro plato de cocido montañés? 

Ilustración: Betún de Judea
Evidentemente, nada. El mejor culto al cuerpo es hacerle caso de vez en cuando, aceptando que la gula nos guíe en su determinación de excederse, siendo además la causante de pequeños grandes momentos de felicidad y satisfacción. Los remordimientos sólo aparecen por las convenciones sociales y, eso sí, por los dolores de estómago. Gula no es comer con ansia. Gula es desear más de lo que se puede admitir. Centrarse en la comida en lugar de en la concurrencia. Adquirir una inclinación continua a un alimento o tipo de alimentos en particular. Y nada de eso es aborrecible ni abominable.

Si esos filetes estaban para chuparse los dedos, no puede haber inconveniente en hincarle el diente a otro más. Si experimentamos placer repitiendo experiencias como la de una beso (con la cantidad de virus que conlleva), ¿por qué no comer pasta cinco días en semana? Nada de terrorífico hay en centrarse en el delicioso plato que tenemos delante, o devorarlo cuanto antes, si entre los contertulios está ese amigote graciosillo o polémico al que no puedes soportar y al que prefieres no escuchar para no desatar la tempestad. A veces la gula puede ser una excelente acompañante en la mesa. Un vital aliado para conseguir disfrutar de la vida si no tenemos mejores opciones. Un pecado cometible y comestible que puede convertirse en fundamental a la hora de ver las cosas desde otra perspectiva. Porque, ya os lo digo yo, la gula, es pieza angular de nuestro día a día.


1 comentario: