miércoles, 3 de diciembre de 2014

MIRA MI IRA (Capital del Pecado II)

Vamos a hacer un ejercicio de abstracción. A olvidarnos de la aplicación violenta de una palabra. De las connotaciones negativas que esconde su uso o las acciones a las que se asocia. Vamos a olvidarnos de todo ello para centrarnos en el lado bueno de las cosas. Porque todas lo tienen. Hay que ejercitar la imaginación, pero lo tienen. La IRA también.

Segunda parada de nuestro viaje. Segunda Capital del Pecado que visitamos. Segundo placer oculto que saborear. Más que oculto, rechazado. Más que placer, desahogo. Por que, dentro de nuestro estado de abstracción actual eso es la ira, una conducta liberadora. Ira que se desata cuando observamos una injusticia. Cuando los imprevistos nos apartan de nuestros objetivos. Cuando nos molestan más de la cuenta. Casi todos los días tenemos nuestro momento iracundo.

Ese insulto al guardia civil que te multa sin razón, esa patada al poste cuando te impide alcanzar el gol, ese corte de mangas verbal a quien no te deja escuchar tu programa de televisión favorito. Todos son actos incluidos en este pecado capital. Desencadenados a veces por otros de manera inconsciente. Reafirmados gota a gota en otras ocasiones en tu mente hasta que se colma el vaso. Y le das rienda suelta. Y te sientes mejor. Puede que esa sensación dure poco, pero te sientes mejor. Le has dado su merecido a alguien que lo estaba pidiendo a gritos. Esa es la única verdad. Te sientes liberado, te envuelve una sensación que te llena los pulmones. Pero eso es sólo tras explotar. Vociferar, golpear, correr, insultar, perjurar, gritar, maldecir, todo vale. No digo que esté bien. Sólo que sienta bien. 

Image courtesy of jesadaphorn at FreeDigitalPhotos.net
Muchas veces cometemos el error de aplacarla, guardarnos dentro esa furia momentánea por mantener las formas. Nos autoconvencemos de que los modales exigen no dirigirse de manera inadecuada a esos vecinos estúpidos. Que no debemos pagar con el mobiliario los devenires del destino. Que los insultos a los jefes incompetentes y jode-vidas no valen para nada. Pero es mentira. Si que sirve. Dura un instante, unos minutos, justo el tiempo que tarda en llegar el arrepentimiento. Pero la tranquilidad es inmensa. Así que, cada vez que podáis, decidle a quien se lo merezca: "Mira, esta es mi ira. No me lo tengas en cuenta".




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