martes, 9 de diciembre de 2014

EMPUJÓN POR ENVIDIA (Capital del Pecado III)

Nueva parada capital. Nuevo concepto por desarrollar y nueva contraria que llevar a los cánones establecidos. Vamos a entrar hoy en el mundo de un pecado que es de los pocos que en alguna ocasión no se observa como hiriente y negativo, sino que se define como sano o positivo: la ENVIDIA.

Envidia sana es la que muchos exponen cuando se refiere a algún éxito, acción o posesión de un amigo o ser querido. La envidia mala es la que se tiene de alguien a quien odias y al que le deseas todo lo peor. Desmontemos el mito. No hay envidia sana. Sólo hay envidia mala y envidia peor. Yo creo que envidiar es desear que tal o cual persona no hubiera conseguido tal o cual cosa. Ya sea un viaje, una casa, un regalo, una mejor nota en un examen o una nariz menos grande que la tuya. A partir de ese deseo, puedes desear arrebatárselo tú mismo o que sea la divina providencia la que actúe por ti...ensañándose.


Pero no descubrimos nada nuevo. Los envidiosos lo saben muy bien. La envidia es un sentimiento enfermizo, que, con mayor o menor intensidad, todos hemos sentido alguna vez. Pero aunque su fondo es negativo, no puedo perder la ocasión de loar sus virtudes. Que las tiene. Aunque no sean fáciles de encontrar. Podemos parapetarnos tras la creencia de que no es bueno envidiar a los demás, pero  perderemos uno de los grandes motores que mueven el mundo. Comienza por envidiar algo, y estarás dando el primer paso para conseguirlo.

La envidia no puede ser sana. Pero si puede ser motivadora. La venganza no es el camino. El camino es superar al envidiado, alcanzar lícitamente lo mismo que él. Poseer una mejor casa y trabajar más duro para conseguirlo. Obtener una mejor nota en un examen y estudiar más o ser más lameculos con el profesor para lograrla. Conseguir una paga del Estado por invalidez, y que sea más cuantiosa porque supiste mentir mejor ante el tribunal. La envidia es la primera motivación que te lanza a por algo que tiene otro. Es tu elección el hacerlo por las buenas. Envidiemos.





1 comentario:

  1. Interesante el tema que propones. La envidia surge cuando atribuimos a alguien algo que deseamos y no tenemos. En mi caso, envidio al que puede correr o pasear durante un largo rato por el campo, porque ahora no puedo. En este sentido, la envidia es sana -nunca mejor dicho por el tema de la salud-, porque me mueve a querer recuperarme lo antes posible. Sin embargo, si esta emoción se apodera de la razón, sufriremos sin sentido.

    Desde mi punto de vista, la clave está en saber manejarla. Si se convierte en una obsesión será mejor neutralizarla, y si desaparece por completo quizás no estamos mostrando indiferentes ante algo que nos debería preocupar.

    Un saludo

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