viernes, 14 de noviembre de 2014

AGRESIVIDAD DISIMULADA

Suena el teléfono. Son las cuatro de la tarde de un 15 de agosto en Sevilla. Sobresaltado te despiertas de esa modorra, ese sopor que te invade después de comer. Es verano. Hora de la siesta. Es sagrada. Sólo la puede romper alguna emergencia. Convencido de que lo es, coges el teléfono. Un poco molesto te lo llevas a la oreja y musitas un ininteligible saludo...y se desata la catástrofe. Una voz melosa te contesta algo como "Hola, buenas tardes, mi nombre es Verónica, le llamo de Jazztel para ofrecerle...". Maldiciones varias. Vuelta en el sofá. O en la cama. Vuelta a la siesta...si es que nos dejan.

Ese podría ser el resumen de una estrategia de ventas cada vez más generalizada. Una estrategia agresiva con el cliente. Llamando en horas poco habituales. Empezando a relatar la oferta sin esperar siquiera a que confirmemos que estamos interesados en escucharlos. O que disponemos de tiempo en ese momento para hacerlo. Un modo de convencer en el que sus armas son repetirte hasta la saciedad que su oferta es mejor. Haciendo hincapié en la rebaja de precio. En las características contratadas que mejorarías si estuvieras con ellos. Y el punto álgido es cuando llega tu negativa. Es ahí cuando la voz al otro lado pregunta y repregunta hasta la saciedad si estás seguro, volviendo a destacar su ofrecimiento.

Compañías de teléfono, eléctricas, bancos, aseguradoras, venta de electrodomésticos...Todos se han subido al carro de molestar lo más posible. En los estudios de marketing debe estar bien visto optar por este tipo de campañas de promoción. Promoción de Ventas Agresiva la denominan. Y hace honor a su nombre. No culpo a los telefonistas y trabajadores de estas empresas. Ellos sólo hacen lo que les mandan. Podrían ser tu hermana, tu cuñado o cualquiera de tus amigos. Podrías incluso ser tu. Aunque no se si cumplen con su cometido de aumentar las ventas, si que estoy seguro que obtienen una contraprestación no buscada. La respuesta contundente del consumidor.

Fotomontaje: JMSV
Cuando esa llamada inoportuna e indeseada se repite en el tiempo tienes varias opciones. O mejor dicho se producen varias reacciones típicas. La primera y menos violenta de todas, al menos para tí, es colgar en cuanto empieza a sonar el disco rayado de quien oferta. Otra es atender educadamente, escuchar el ofrecimiento y rechazarlo, lo que puede llevar a un enervamiento máximo si el interlocutor no para de insistir. Y una última reacción, quizás la que más tranquilo te deja, es mandar a la mierda al que está al otro lado del auricular. Calificándolo como "pesado", "cansino" o "impertinente" si te sabes moderar. Subiendo el tono y dando rienda suelta al insulto  y la calumnia si lo tuyo no son las formas. Descansas por fin. Aunque lo hayas pagado con el intermediario. Les has dado su merecido. Han recibido la respuesta que les correspondía. Una respuesta equiparable al modo en que ellos te tratan. Has pagado con agresividad evidente la agresividad disimulada.

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