miércoles, 29 de octubre de 2014

UN TUPIDO VELO

Hoy me he levantado con ganas de presumir de Extremadura. Algunas veces el orgullo territorial y la "extremeñidad" le ganan la partida a la mesura. Nuestra región ha sido la eterna rezagada del crecimiento nacional. La maravilla natural oculta que ahora algunos se vanaglorian de descubrir al mundo...cuando siempre hemos estado aquí. Despertamos ahora del letargo, de la negativa a abrir nuestras puertas al visitante, de hacer de ello uno de los modos de vida en nuestra Comunidad Autónma. Nos hemos preparado para acoger al turista, para ofrecerle una experiencia y un entorno diferente. Justo el que él buscaba. Tradición y modernidad unidas. 

El paisaje extremeño es diferente por su variedad, sus tonalidades, sus cursos de agua y los senderos perdidos que alguna vez fueron la única vía de comunicación entre pueblos vecinos, separados por decenas de kilómetros. Lugares recónditos con una belleza detenida en el tiempo, como Las Hurdes. El estallido de colores en el paisaje al llegar la primavera, con el cerezo en flor en el Valle del Jete. El aire puro de la dehesa y la serranía al sur, en Tentudía. Si a todo esto le sumamos la inmensa cantidad de visitantes que se admiran al cruzar las puertas del Teatro Romano de Mérida, se pierden con gusto en las calles del casco antiguo de Cáceres, o descubren emplazamientos históricos como el Real Monasterio de Guadalupe, tenemos el cóctel perfecto.

Parque Nacional de Monfragüe / Foto: JMSV
Extremadura es también para comérsela. Desayunar migas veratas con pimentón, degustar jamón ibérico de bellota en el aperitivo, comer caldereta de chivo, acompañar el café con perunillas o roscas fritas y cenar una ensalada de zorongollo son el menú ideal para recorrerla. Pero que no os pueda la gula. No es oro todo lo que reluce. Estamos empezando a "vendernos" bien de puertas a fuera. Deberíamos temer que nos olvidemos de trabajar para crecer de puertas hacia dentro. Para dejar de ser los rezagados a nivel nacional. Para no ser sólo la maravilla natural oculta que somos. 

A veces pienso que nos tocan el orgullo extremeño para que estemos henchidos por pertenecer a esta tierra. Para que olvidemos lo que día a día deciden hacer con y en ella. Corren un tupido velo con el que piensan que han encontrado la fórmula de la Coca Cola para tenernos entretenidos. Felices. Pero no se dan cuenta que nosotros también somos turistas en alguna ocasión. Desde el sofá o en la carretera. Pero ya conocemos otros mundos. Otras realidades. Otras maneras de crecer. No se dan cuenta que hace mucho tiempo que ese tupido velo dejo de ser tan tupido. Que ya vemos a través de él. Que estamos orgullosos de nuestra tierra. Pero no siempre lo estamos de lo que han hecho, hacen y harán con ella. Y algún día nos cansaremos. Deberían tenerlo en cuenta.

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