jueves, 2 de octubre de 2014

PRISMAS RESCATADOS

Ayer nos despertamos con una buena noticia. El espeleólogo español que permanecía herido en una cueva en Perú, ha sido rescatado. 58 compañeros de profesión, la mayoría desplazados desde nuestro país, junto a las fuerzas armadas peruanas, obraron el milagro. 

Milagro porque tras 18 días a más de 150 metros de profundidad, con una vértebra fracturada y con el 100% de humedad no se agravaron sus condiciones. Milagro porque los recursos de Perú en cuanto a rescates en el subsuelo no hacían presagiar una tarea fácil. Milagro dicen algunos porque el Gobierno de España se ha desentendido. Nos podemos posicionar de lado de unos o de otros. Seguramente ambos tengan razón...y seguramente todos tengan sus detractores que tiren rápidamente por tierra, nunca mejor dicho, sus argumentos. 

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Por una parte, el Gobierno ha repatriado recientemente a dos misioneros afectados por el virus del ébola, fallecidos ambos en suelo nacional. Sin embargo, se quejan los espeleólogos, no ha movido un dedo por el bueno de Cecilio, que así se llama el accidentado. Por la otra, tenemos a una persona que, ya sea por su cuenta y riesgo o contratado por terceros en el extranjero, conoce el peligro inherente a la exploración de cuevas subterráneas desconocidas. Aunque, argumentan los afines a la postura del Ejecutivo, contrató un seguro que no cubre el coste del socorro en ese lugar y esas condiciones.

Ellos no ven medias tintas. Pero las hay. Y muchas. Se podría contra-argumentar que los misioneros también conocían el riesgo de contraer enfermedades en su zona de trabajo. Estaríamos en disposición de rebatirles diciendo que quien debe pedir ayuda en todo caso es el Gobierno de Perú, en el supuesto de que no cuente con los medios necesarios para realizar el rescate. Las dos premisas se cumplen. Y sin embargo, las interpretaciones de ambas cuestiones han sido muy diferentes. A veces sesgadas y a veces rayando la demagogia.

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La buena noticia es que Cecilio está a salvo. Gracias al esfuerzo de sus compañeros de afición/profesión, que han conseguido sacarle de un fosa con un acceso tan difícil que, según él mismo explicaba, hace que llegar hasta ella a pié lleve al menos una semana. Quizás con la ayuda del Gobierno español los 18 días de cautiverio cavernario hubieran sido 12, ó 7, o simplemente los espeleólogos desplazados desde nuestro país no hubieran tenido que gastar sus ahorros. 

No sé a quién hay que exigirle responsabilidades...quizás sea en función del cristal con el que se mire. Distintos prismas para un mismo rescate. Si fuésemos amigos del misionero o parientes del explorador de las profundidades otro gallo cantaría. 

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