martes, 7 de octubre de 2014

ET VOILÀ...ÉBOLA

Ya está aquí. Cuando nadie lo esperaba. Nadie lo quería. Algunos dirán que ya lo sabían ellos. Otros ni le harán caso. Habrá incluso quien huya. Ha llegado el ébola a España. Le daríamos la bienvenida, si no fuera porque un virus de tan alta mortalidad y que nunca ha tenido un brote en suelo Europeo, no debería haber estado presente nunca en nuestro país.

Nos llamamos a nosotros mismos parte del mundo desarrollado. Creemos que somos inmunes a amenazas globales que forman parte sólo del imaginario común de los medios de comunicación. Estamos seguros de que nuestra formación y nuestros recursos son los mejores que pueden existir. Error. Error fatal, cuando desde las altas esferas políticas no se es claro en las explicaciones, y cuando desde las batas blancas de despacho no se presta la atención que se debiera a las quejas del personal sanitario.

Image courtesy of David Castillo Dominici at FreeDigitalPhotos.net
Ni protocolos de atención, ni periodos de seguimiento, ni formación previa, ni material adecuado. España no contaba con nada de eso antes de la repatriación de los religiosos contagiados de ébola. No era grave, todo parecía estar controlado. Pero una vez tomada la decisión, o incluso antes de tomarla, tendrían que haberse cerciorado de que en esta cuestión no somos el país de chapuceros que somos en algunas ocasiones.

La alarma social ya está creada. Lo único que queda es esperar a que el contagio no se extienda. Lo ideal es desviar la atención hacia otros temas para que la salud pública pase a un segundo plano...quizás Cataluña ayude al Gobierno español en este caso. La esperanza es que este tropezón nos evite volver a toparnos con la misma piedra. La esperanza es no volver a ver sentados en una mesa a responsables sin respuestas, diciendo nada y preocupados más por su cargo que por una posible epidemia.

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