jueves, 23 de octubre de 2014

EL JET LAG NACIONAL

Ya estamos en otoño. Va siendo hora de cambiar las agujas del reloj. Un mes se ha cumplido de la entrada de la estación. La recibimos con unas semanas lluviosas, desapacibles, plagadas de tormentas, que dieron paso a esta especie de verano que vivimos estos días. Un verano a destiempo. Unas temperaturas que corresponderían a otros meses del año. Un calor que llega con algo de desfase. Parece que el clima ha decidido imitarnos y retrasarse porque sí. Parece que es una víctima más del "Jet Lag Nacional".

Un desfase horario que se decidió "todos a una" en la época de posguerra civil, cuando quisimos equiparar nuestros designios con los de la super-potencia europea del momento, la Alemania (siempre Alemania) nazi de Hitler, y adelantamos nuestros relojes 60 minutos. Los amiguismos siempre nos pudieron. Por eso quiso el régimen franquista que si en Berlín se desayunaba, en Madrid se tomaran churros al mismo tiempo, que si en Munich era la hora de la cerveza, en Sevilla estuvieran tomando sus chatos de vino a la vez, y que si en Hamburgo cerraba el puerto marítimo, en Barcelona los candados pusieran fin a la jornada comercial simultáneamente.

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Nada de eso. Los relojes no han podido con nuestra identidad nacional, con nuestro desfase horario de fábrica. Ni desayunamos, tomamos el aperitivo o echamos el cierre a la misma hora. No nos hemos amoldado nunca, y dudo que alguna vez lo hagamos, al modelo europeo de cómo "gastar" el día. Sólo profesiones contadas levantan a los españoles de la cama antes de las 7, cuando en el resto del continente el café ya lleva media digestión hecha. Una cerveza o un vino hasta bien pasado el mediodía sería visto como un exceso o adicción. Cerrar a las cinco de la tarde supondría la quiebra del negocio por no respetar las horas de siesta. 

Varias veces se ha planteado el dilema de volver a recuperar esa hora que perdimos antaño. Las mismas veces se desestimó la idea. En España somos así. Vamos a otro ritmo. Dicen que al otro lado del Atlántico, en algunas de las zonas que colonizamos hace siglos dejamos bien arraigada esta tradición. Nos tomamos las cosas con calma. Quizás por eso cuando hay algún pequeño cambio como el del próximo fin de semana, en el que cambiamos al horario invernal, nuestro cuerpo se descontrola, nos cuesta ubicarnos y hasta pasados unos días somos frágiles en manos del Jet Lag nacional...sincronicemos nuestros relojes.

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