martes, 16 de septiembre de 2014

SEAMOS SERIES

En los últimos años, la afición a engancharse como una percha a series a través de internet ha subido como la espuma. Los foros de seguidores, plataformas de visionado, las páginas y blogs con información sobre ellas y las referencias en redes sociales aumentan cada día, lo que ha repercutido en la calidad de las ficciones seriales que se ofrecen. Para bien en muchos casos y...lo reconozco, yo también he sucumbido a los cantos de sirena.

Más allá de series que en televisión muchos hemos seguido y disfrutado, tipo sitcom como Friends, de animación como Los Simpson, o de ciencia ficción como Expediente X, el verdadero fenómeno de las creaciones televisivas por capítulos se expande curiosamente en un medio para el que no han sido creadas, la red de redes. Y lo hace porque, como bien es sabido por todos, internet ofrece la posibilidad de hacer instantánea la emisión de contenidos, disfrutarlos cuando y dónde quieras, pudiendo incluso ver series que nunca llegarán a la pequeña pantalla en tu país.

Más allá de que la mayoría de ellas son de origen estadounidense, las hay que se convierten en verdaderos fenómenos de masas. En una sociedad cada vez más globalizada, los creadores de ficciones del otro lado del atlántico, parecen conocer al dedillo los gustos y las apetencias de los usuarios de la red, público potencial de sus historias, pero también de los espectadores allende los mares. En España también se trabaja bien; se innova en recursos técnicos, en historias y maneras de contarlas. Las grandes cadenas apuestan cada vez más por series de perfil similar a las americanas, o incluso se emiten las que se han convertido en fenómenos de audiencia allí tras unos meses....pero aquí fracasan estrepitosamente en la contabilización de público. Será porque ya hace meses que la seguimos por internet.

Entourage, Breaking Bad, Shameless, Homeland, Lost, Game of Thrones, True Detective, Los Soprano, Mad Men, The Walking Dead...son sólo un puñado de las creaciones televisivas que han invadido la red y se han extendido como una epidemia viral por el mundo entero cosechando grandes críticas. La adicción a una serie puede resultar compulsiva. Acabas una y ya estás buscando la siguiente. Puedes elegir si seguir las peripecias de  un profesor traficante de drogas, un detective adúltero, un publicista con mala leche, un doble agente de la CIA, la vida de una familia singular, la lucha por el poder en un imperio imaginario o el apocalipsis zombi de nuestro planeta. Y todo ello en cómodos fascículos de entre 40-50 minutos de duración. Sin la pereza o la falta de tiempo que a veces supone ver un largometraje, satisfaciendo a aquellos que tras una producción bien hecha se quedan con ganas de repetir...una y otra vez.

Image courtesy of David Castillo Dominici at FreeDigitalPhotos.net
Además, creo que el incremento de la calidad es tangible. Se cuida cada vez más la imagen, el vestuario, la música y efectos sonoros, la iluminación de cada escena, la fotografía, los DIÁLOGOS, la coherencia en el guión...en eso si que nos llevan años nuestros amigos de los USA. Pero no culpo a los profesionales españoles. Es cuestión también de recursos materiales y económicos. Porque, seamos serios, en series españolas hay poca inversión privada. Pocos canales se pueden permitir acometer la producción de ficciones por entregas. La cultura de la televisión de pago, por cable, que hay allí nunca podría instaurarse aquí. Pero seguro que hay fórmulas.

Por eso soy optimista con las nuevas generaciones de series españolas. Series como "Isabel", "Sin Identidad", "El Príncipe", etc., muestran ya síntomas de esa evolución en los gustos de la audiencia. Algo que puede conseguir que en algún momento las superseries dejen de ser producciones estadounidenses, para convertirse en superproducciones conjuntas de varios países, de diferentes continentes. Una utopía que quizás se convierta en realidad antes de lo que pensamos, y que consiga que los adictos a internet volvamos a serlo de su hermana mayor, la televisión.

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