domingo, 14 de septiembre de 2014

DEL EGO AL SOSIEGO

Estos días, en diversas conversaciones y lecturas, ha surgido recurrentemente en mi entorno el tema del liderazgo, de la manera de convertirse en un líder y cómo utilizar ese poder que en teoría se ejerce sobre los demás.

En primer lugar, aprendí bastante sobre el tema en el libro de Phil Jackson (entrenador de baloncesto de éxito en la NBA) "Once Anillos", el cual recomiendo a todos los amantes del deporte, sea cual sea la modalidad que practican. En diferentes capítulos, Jackson aborda el tema del liderazgo desde distintos puntos de vista y con ejemplos bien diferentes. Por un lado explica su experiencia como conductor de grupos de personas, ya que un entrenador debe ser el líder en la toma de decisiones de un equipo deportivo. Pero también habla de como dentro de ese grupo, se establecen igualmente jerarquías que hacen que algunos jugadores ejerzan una especie de magnetismo o generen una confianza superior en sus compañeros, que los convierten en la cabeza visible del conjunto.

El entrenador, ex de Chicago Bulls y Los Ángeles Lakers, opina sobre la forma de liderar de dos mitos como Michael Jordan y Kobe Bryant, su evolución en su trato con sus compañeros una vez se dan cuenta de la importancia de la buena gestión del liderazgo, y de la lucha de egos que en ocasiones acompaña al deporte de equipo cuando en un grupo hay varios jugadores que aspiran a ser el "macho alfa". 

Con respecto a los diferentes estilos, por un lado están los líderes serenos, que dejan transcurrir las cosas para ver como reacciona el conjunto...hasta que deciden intervenir y deciden por todos. Por otro, tenemos a los números uno a los que su ego no les deja ver que pese a ser el líder por tener más capacidades, si minusvaloras al resto del grupo no tendrás apoyos a la larga, lo que te convertirá en el líder de un conjunto de una sola persona...tú. Y por último, encontramos al líder que no sabe que es el líder, que no pretende serlo, pero que por su naturaleza, su forma de ser, hablar, etc., influye en el alma del equipo.

Image courtesy of nattavut at FreeDigitalPhotos.net

En el libro, ambas estrellas (Jordan y Bryant) comienzan siendo líderes por sus capacidades, egocéntricos y críticos con sus compañeros, hasta que son conscientes de la necesidad de respeto e involucración con el resto de jugadores, los que les convierte en números uno por naturaleza, convincentes en su manera de actuar y de gestionar los problemas que surgen tanto dentro como fuera de la pista de juego. Es decir, evolucionan del ego al sosiego.

Pero no sólo en el deporte hay líderes. En la política, en el trabajo, en nuestra comunidad de vecinos, en nuestro grupo de amigos, en nuestra familia...en toda nuestra vida somos líderes y liderados en múltiples ocasiones. La cuestión es saber adecuarse al papel que te toca interpretar en cada momento. Un número uno debe saber cuando ser firme y decidido, cuando abierto y receptivo, cuando actuar o cuando dejar hacer. Hay pocos líderes de ese tipo. Casi ninguno. La mayoría son dictatoriales, porque los liderados no se atreven a discutirle, o son líderes de paja, que creen que tienen el poder de una masa de personas, cuando en realidad es ésta la que los maneja.

Yo creo que lo importante es ser líder de uno mismo, de tus ideas y pensamientos, de tus sueños y objetivos, sabiendo que es necesario hacer en cada momento: si intentar ponerte a la cabeza o dejar que sea otro quien se desgaste como pieza visible del grupo. Pero eso es lo más difícil. Dejar pasar la posibilidad de liderar. Aunque no todos estamos preparados, todos lo queremos. Y en esa elección está mucha veces la diferencia entre el éxito y el fracaso.

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