jueves, 11 de septiembre de 2014

DE CUERO Y MARFIL

Hace poco leía que el elefante africano no sobrevivirá a este siglo al paso que avanza la caza furtiva. El apreciado marfil de sus colmillos es la principal causa de la aniquilación de estos enormes mamíferos, apacibles, de apariencia amable e inofensiva, pero que saben ponerse duros cuando toca...a no ser que les dispares con un rifle a medio kilómetro de distancia.

Pero así somos nosotros, los seres humanos. Incansables. Insaciables. Con un gusto irrefrenable por lo prohibido. Por el riesgo. Por el dinero. Tal es el caso que otra especie que destaca por su belleza está apunto de expirar su periodo de vida en el planeta Tierra: el tigre blanco de Siberia. En este caso por sus pieles, por su cuero puro y duro. 

Entiendo la caza por razones cinegéticas, por la conservación del ecosistema, por la eliminación de excedentes en el número de individuos de una especie que pongan en riesgo la supervivencia de otras; la entiendo también en épocas remotas para proveer de vestimenta y herramientas a nuestros ancestros ante climas gélidos, ante los desafíos de la alimentación y el desarrollo de capacidades. 

Pero la invención del tejido sintético debería haber asegurado la supervivencia de muchos animales casi desaparecidos; la agricultura y la cría de animales domésticos deberían ofrecer un futuro mejor a los seres vivos cuya degustación algunos consideran un manjar no ya por su sabor, si no por la escasez de ejemplares o por la dificultad de obtenerlos legalmente. Lástima que la realidad no sea esa.

Image courtesy of papaija2008 at FreeDigitalPhotos.net

Como decía así somos nosotros. Si no hubieran existido más pobladores en nuestro mundo que el hombre, seguramente nos habríamos extinguido antes de la invención de la rueda o el fuego. No nos habríamos conformado con alimentarnos de plantas, con adornarnos con piedras preciosas. No. Hubiéramos querido que los dientes de aquel o aquella de pelo tan llamativo colgaran de nuestro cuello y querríamos saborear las entrañas de ese fabuloso espécimen que tan fuerte se mostraba ante nosotros (por cierto que estas cosas que acabo de mencionar pasaban bastante a menudo hace siglos...supongo que los animales nos salvaron de la auto-extinción).

En fin, que no nos vale con dirigir lentamente al planeta a su fin a través de la contaminación y el calentamiento global, si no que nos entra la prisa y para ir adelantando trabajo nos estamos librando, poco a poco, de esas molestas bestias, tan ajenas a nosotros, bellas pero distantes, que para nada nos sirven...salvo...eso si, para hacer dinero y aplacar nuestras ansias de explorar lo prohibido, el riesgo, la adrenalina. Marfil y cuero. Eso es este mundo.

Al menos no nos cazamos entre nosotros...a no, espera...



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