viernes, 19 de septiembre de 2014

BANDERA DE NUESTROS PADRES

De nuevo un título que puede llevar a equívocos. No vamos a hablar de cine. Ni siquiera de las Guerras Mundiales. De nuevo nos enfrentamos con la actualidad y reflexionamos de manera amplia sobre el tema protagonista. Los nacionalismos. Escocia ha dicho NO. Y yo estoy de acuerdo con ellos. Me explico.

Existe en nuestra sociedad una necesidad creciente de pertenencia a un grupo, a un lugar, a una idea, cuando en realidad deberíamos tener una mente abierta que nos permitiera formar parte de varios grupos, varios lugares, tener diferentes ideas...o lo que es lo mismo, incluirnos en un todo plural en el que quien viste, piensa, hace o desea cosas diferentes a las nuestras es visto casi como un enemigo, como un rival.

Ese es el tema de los nacionalismos. Estoy en contra. Pero no por el hecho de que no quiera por ejemplo que Cataluña rompa la sagrada "unidad nacional", sino porque me parece que hacer particiones (cada vez más pequeñas) del territorio en el que vivimos puede llevar a que cualquier día mi ciudad, mi pueblo, mi barrio, ¡mi calle! pidan la independencia. El proceso debería ser distinto.

Image courtesy of Stuart Miles at FreeDigitalPhotos.net
La historia debería llevarnos a ampliar fronteras; lo ha hecho en ocasiones. Estados Unidos es un ejemplo. La Unión Europea otro. Aunque aún no tenemos una política común que de fe de ello. La utopía sería que un día las fronteras no existiesen. Que sólo dijeras España respondiendo a preguntas como ¿dónde naciste?, dónde está tu casa?, ¿de dónde vienes?, ¿a dónde vas? o ¿cuál es tu rincón favorito del planeta?. 

Quizás me equivoque y si seguimos dividiendo el territorio, llegará un día en el que cada domicilio será un estado independiente, y lo siguiente será que cada persona será un país...tampoco sería una mala opción.

Creo firmemente que se puede ser catalán, castellano, extremeño, vasco, valenciano o andaluz, estar orgulloso de ello, sin sentirse mejor o peor por serlo, y no querer diferenciarte del resto del mundo marcando una línea que diga "si naces hasta aquí eres de pura cepa, un paso más allá eres extranjero y tus derechos en mi territorio son mucho menores". Esa debería ser la cuestión. Lograr que nos encaminemos a una idea global de los derechos que todos debemos tener en cualquier lugar.

Es una utopía pensar que vayamos a tener un sistema económico único, dirigentes a nivel global o que todo el mundo va a estar implicado en las decisiones. Ya tenemos el sistema montado de otra forma. Es utópico pensar que cualquiera de los escoceses, del más del 90% que asistió a las urnas en un ejercicio impresionante de democracia cívica, haya tenido en cuenta esta parafernalia de utopías y divisiones unipersonales del territorio que me he montado.

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Pensándolo bien, puede que sea es necesario escuchar la voz del pueblo (aunque sea en pos de los intereses económicos o políticos de los que deciden si se vota o no), y descubrir si prefieren eliminar banderas y fronteras de nuestros padres, abuelos y tatarabuelos de manera inclusiva o exclusiva.

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